Mis padres, don Tomas Godoy Silva agricultor y mi madre Clara Guiroux Loyola la mujer de las telecomunicaciones telegrafista que usaba el método Morse y los primeros teléfonos.
Mis buenas maestras del pueblo, me enseñaron a leer y a escribir. Un día me vine a Copiapó a vivir con mi abuelita Elvira, junto a mi hermano. Me acuerdo que nos trajo un camión que traía metales a la Fundición Paipote. Vivía con mi abuela y mis tres hermanos mayores. Mi niñez fue muy linda, mi abuelita temprano encendía el carbón en el caldero para hacer hervir la tetera y darnos desayuno. Ella me encaminaba al colegio Sagrado Corazón, mis hermanos el mayor, asistía al Liceo de Hombres, el segundo a la Escuela Goyenechea y el tercero a la Escuela Superior de niños. Cada viernes en la tarde viajábamos a ver a nuestros padres, utilizando como medio de transporte el tren, o algún camión que fuera a nuestro pueblo.
Desde pequeña canté en el coro de la Iglesia La Merced, para el mes de María y para los villancicos navideños, mi abuelita me enseñó a usar la máquina de coser, a bordar punto de cruz, a tejer a palillos y a crochet. Cuando llegaba de la escuela colgaba mi uniforme y lavaba mis calcetas, los puños y el cuello blanco de mi uniforme, hacía mis tareas leía, y jugaba con mis muñecas a las que les hacía trajes. Era feliz, mi abuelita cuando se asomaba la noche encendía una lámpara a parafina o de carburo, comíamos y nos sentábamos junto a sus pies a escuchar los hermosos cuentos.
Cuando mamá jubiló, después de 35 años de servicio como Empleado Público, se vino con nuestro papá a la ciudad, a vivir con nosotros, pero esto duró poco tiempo, papá se había enviciado en el rico vino que preparaba, era dulce, muy apetecido por la gente, yo tenía 10 años y a mi padre le dio un ataque cerebral, falleciendo. Me hizo siempre mucha falta, lo extrañaba y me parecía que lo vería parado en la esquina, cerca de la casa. Mi mamá asumió doble rol para nosotros, ser padre y madre.
En mi adolescencia me enamoré del hermano de una amiga, y el también y fue así que me casé teniendo 17 años, al año me convertí en madre de mi primer hijo, pronto llegó el segundo a los 19 años, tuve que aprender muchas cosas que desconocía, tuve que madurar, mi amor por mis pequeños compensaba todo. Pero como mi abuelita me había enseñado a usar la máquina, comencé haciéndoles ropa a mis hijos. Yo no había terminado el 6º año humanidades, cuando ellos se dormían pude retomar los libros y a escribir, porque los sueños de príncipes sólo existen en el papel, la vida se puso difícil, hacía falta otro sueldo. Nació mi tercer hijo, asistía de oyente al Liceo Nocturno para aprender las matemáticas, la física y la química. Cuando estuve preparada dí examen como alumna libre donde tuve que convalidar, los cuatro años obteniendo muy buenas calificaciones. Un día mi tía me trajo una papeleta para que siguiera un curso de profesora de Corte y Confección, el que con paciencia y perseverancia logré obtener el título de Profesora de Corte y Confección. Para aprender más cosas iba a un Centro de Madres, con mis pequeños que jugaban solos cerca de mis pies, todas las personas eran mayores y de ellas aprendí bastante. Comencé aplicar todo lo aprendido, en la confección de ropa para niños y adultos, para venderla, me fue muy bien, también preparaba cócteles y cositas para degustar. Todo lo que pude aprender lo hacía con ansias. Mis hijos comenzaron a estudiar los llevaba a la escuela y los apoyaba en sus materias, las que yo me aprendía. Mi esposo era el cuartelero del Cuerpo Bomberos, vivíamos en su interior, su sueldo era precario, yo le ayudaba en atender el teléfono anotar los lugares de siniestro, coser, atender la casa, cuidar a mis niños; hacer tortas, bordar o tejer, para ayudar en la mantención de mis hijos que eran tres. En el cuerpo de bomberos el Doctor Gutiérrez nos preparó en la Brigada Femenina, en la atención de enfermería, la que realicé durante un tiempo. Comencé a confeccionar pantalones, había aprendido a embolsillar, me fue muy bien, logré comprarme dos máquinas. Llegó el día que mi esposo consiguió trabajar en La Fundición Paipote en Seguridad, y yo me había inscrito para hacer suplencia, me llamaron el año 1973, para la Escuela José Manso de Velasco. Así sucesivamente pasé por todas las escuelas de Copiapó, me venía de Paipote con mis hijos, y me regresaba con ellos, en un bus de la empresa. Trabajaba en las escuelas y también cosía en mis horas libres
Mi madre fue el pilar fundamental en mi vida que me apoyaba en mis penas y alegrías, ella siempre me decía no puedes decaer hija, sigue, lucha, yo me proponía algo y lo desarrollaba con responsabilidad. Nació mi primera flor que me llenó de alegría, la vestía como muñeca yo compraba telas y le hacía sus vestidos y en las tardes salía con mis niños a mirar, el parque y las casas junto a mi madre.
Fuera de trabajar de planta, entré a estudiar en la Universidad De Atacama para obtener mi título de Profesora en Educación General Básica, durante cuatro años. Llegó mi última hija. En mi hogar estudiaba yo y todos mis hijos, mi hijo mayor entraba a la Universidad en Antofagasta, al que tenía que apoyar, después el segundo a Santiago, posteriormente el tercero que estudió en la universidad de Chile Música, también en Santiago. En la actualidad tengo cinco profesionales: dos profesores, dos contadores, y un dibujante técnico estructurista en metales. Me siento muy agradecida de Dios Nuestro Señor que ha hecho posible que mis hijos sean buenas personas.