jueves, 22 de diciembre de 2011

Mi Vida en Imágenes


Algunos extractos dedicados a la profesora Adriana Godoy Guiroux de un trabajo realizado en el certamen literario "Personajes de la Educación Penitenciaria".


"Recuerdo una conversación con la profe Adriana. Un día nos comento de un gran jardín que tenía en su casa, árboles frutales, animales de crianzas, y siempre nos causaba curiosidad la atención que le brindaba, recuerdo perfectamente que nos regaló una grandes paltas, hasta de presencia estas hortalizas nos daban mucha alegría, pero con estas muestras de cariño se hacia más grande el afecto hacia estas personas porque con estos gestos tan nobles nos sentíamos seres importantes para nuestro director y sub-directora. Personas que nos acompañaron por mucho tiempo."

Verónica Leonor Salvatierra Marcos.
Microcentro Medardo Cano Godoy - Copiapó.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Mis proyectos y Logros

Quiero editar un libro de cuentos con pequeñas historias de vida de los tantos alumnos que me llamaron la atención de sus dilemas, a los que en la enseñanza iba entregando, un porcentaje de rehabilitación en los aprendizajes durante  los talleres de lectura y  escritura. El  deseo de escribir, nació en mi niñez, tengo mucho material de poemas, cuentos y una novela relacionada con la vida de mi gran abuelo el emigrante, la que deseo editar mas adelante. Vivo feliz con mis cinco hijos, mis 13 nietos y 4 biznietos. Estoy agradecida de Dios que ha hecho que sea perseverante, paciente y resignada en mi  vida, me ha llenado de logros;  una colega profesora, revisa mis cuentos para poder editarlos, también estoy juntando la plata para la edición de mi primer libro.


Algunas participaciones que he tenido son a través de mi aporte en Talleres Literarios.


A través del Taller Literario  Eduardo Hwitt, hemos publicado 2 obras con apoyos:
En el caso de "El Despertar del Colibrí", fue apoyado por PRODEMU.
En el caso de "Letras de Eva, entre el desierto y el mar" Poemario, a través de la Minera de Hierro Atacama CAP.






Este libro constituye el sueño de un grupo de mujeres copiapinas, que al alero del Programa Escuela de Artes, han querido plasmar sus sentimientos a través de la creatividad, sensibilidad y su particular forma de ver la vida.


De la diversidad artística - literaria de sus composiciones emanan una variedad de sensaciones que han partícipe al lector de la emotividad resultante del trabajo realizado durante meses junto a su maestra.


La fundación PRODEMU celebra cada uno de los logros conquistados por este grupo de soñadoras en cada una de las etapas proceso vivido, que al concluir es coronado con un testimonio tangible transporte de lo intangible. Su primera publicación.


Ibar Espinoza Saavedra
Director Ejecutivo Fundación PRODEMU
Copiapó, Atacama










Un grupo de mujeres, que camina a paso firme, junto a sus compañeras de vida, van en este libro esparciendo pétalos, entre el desierto y el mar, en los cuales escriben versos que dejan hablar su alma, enalteciendo el valor de los hombres que laboran en esta tierra prodigiosa en donde comenzó la historia de Chile y de sus vidas. Les invito a conocer la ternura, espiritualidad y el infinito amor que regalan en cada una de sus creaciones.


"Esclavo de la esperanza
Atento al tiro, único en la molienda
Amalgama de fuerza y valor
Compañero mío, siempre de espaldas al sol"



  1. Patricia A. Suloaga.







Taller
"Rayo de Esperanza"
Escuela Medardo Cano Godoy
He cambiado
Juanito
Un día salí de casa.
Salí desorientado y hasta hoy
no he llegado.

¡Cuánto tiempo ha pasado!
¡Cuánto llanto he derramado!
¡Cuánto sufrimiento he causado!
¿Hasta cuándo estaré encerrado?

¡Ay de los que están alejados!
¡Ay de los que están encerrados!
¿Por qué el tiempo aún no ha pasado?

La vida está pasando
y las rejas aún no se han separado
pero, ¿por qué no lo pensamos antes,
cuando la familia estaba a su lado?

Hoy he llorado. ¿Por qué?
Ahora estás pensando
en lo que has hecho en el pasado.

Mañana tu familia, como siempre,
estará a tu lado apoyando y
sabrás que te han perdonado.




Mirando hacia la Libertad, es una publicación que forma parte de "Educación para la Libertad - Propuesta de Mejoramiento Pedagógico para Escuelas y Liceos ubicados en Unidades Penitenciarias".

"Con iniciativas como ésta se pretende extender las oportunidades de aprendizaje y crecimiento personal más allá de la sala de clases, porque se cree en la educación y en el aprender a lo largo de toda la vida. Por lo tanto, se piensa que todo momento es una oportunidad para descubrir, orientar y desarrollar la capacidad de crear, de abrir ese mundo privado de los seres humanos que nos permiten comunicarnos en un plano mas sensible y emotivo, que nos acerca más, nos une más con nosotros mismos y con otras personas."
María Isabel Infante Roldán
Coordinadora Nacional
Educación Adultos.


















Taller Literario y Coro de Profesores

Llevo tres años como Presidenta del Taller Literario al que guío en sus objetivos, preparando Tertulias, proyectos, y donde leemos los trabajos que cada integrante realiza una vez a la semana. También llevo 27 años como integrante del Coro de Profesores de Copiapó y pertenezco a la Directiva, soy la secretaria. 



Mi vida dedicada a la docencia...

Trabajé, por doce años en el Liceo Belén, conjuntamente en la escuela que funciona en el interior del recinto penal de Copiapó, en una en la parte técnica, en la otra en educación básica para adultos. Aquí tuve que especializarme en Educación musical obteniendo la mención en la Universidad de Atacama, en la Universidad de Talca la mención en religión. Un gran dolor llegó a mi vida, mi madre fallecía a los 92 años padeciendo por dos años un cáncer blanco sin dolor.   En mi trabajo fuera de hacer clases, atendía la  Biblioteca Nº 165, estaba a mi cargo, después de hacer clase, hacía los préstamos de libros y revistas a los internos. Obtuve un premio, por un proyecto relacionado a crear una metodología de aprendizaje, para trabajar con los alumnos, era una Pasantía para estudiar en la Universidad De Kalb, Estado de Illinois Estados Unidos. Todos los conocimientos adquiridos me sirvieron para crecer, y valorarme como persona. En el Microcentro Medardo Cano Godoy  enseñé además de la enseñanza básica la técnica de Sastrería donde le enseñaba a los internos, había una pequeña sala con doce   máquinas antiguas de pie para que ellos trabajaran. Al comienzo costó un poco, porque eran tildados de “las viejas del centro de madres” Cada alumno mantenía su máquina limpia y aceitada. A  las mujeres y gay les enseñé a bordar en punto cruz, confeccionando cuadros, cajitas, relojes, manteles y tarjetas navideñas y de saludo para que se ganaran algunos pesos para sus necesidades de aseo. También otra actividad que llenaba mi alma era incentivarlos   a leer y escribir anécdotas, durante varios años estuve a cargo del Taller Literario Rayito de Esperanza, nombre al que optaron en mayoría. Donde  se pudo editar dos libros de poemas y cuentos hechos por los internos, y otro editado por el Ministerio de Justicia. También la Universidad me preparó en Computación, donde  pude transmitir la enseñanza  a mis alumnos  para que ellos también usaran el computador para  escribir sus propios trabajos. Llegué a ser Jefe de Unidad Técnica Pedagógica, en los  últimos 5 años ante de jubilarme, visitaba, a pesar que el  actuar de ellos, que era como si fueran animalitos , pude darme cuenta de la gran falta de afecto de estos niños delincuentes, muy marcados, por el dolor, la falta de oportunidades, la droga el alcohol. Al comienzo me miraron con recelos, yo comencé contándole historias hasta conseguir de ellos el respeto y el cariño de ellos. Yo les dije:” ustedes algún día podrán hacer un viaje a los Estados Unidos, igual que yo, pero tienen que aprender el inglés, ustedes no toda la vida será encierro y cambiarán sus vidas, un día estarán afuera. Me escucharon y comencé hacerles las clases de inglés a los menores del COD de Paipote, sin mayores problemas. Cuando llegó la hora de jubilarme, sentí un dolor muy profundo, dejaba todo lo que hacía, había perdido a mi esposo, me sentía sola, pero tenía que buscar algo para seguir viviendo, que mejor, un día en una actividad de la biblioteca me encontré con una amiga que me invitó, a participar de un taller literario. Me inscribí en el Taller Literario Adulto Mayor Eduardo Hwitt, acepté el desafío, al año siguiente soy elegida presidenta de dicho taller.    En mi soledad y tristeza,  escribo  mis vivencias y experiencias de vida, plasmadas en poemas y cuentos. También aprendo a pintar que tenía deseos de hacerlo,  ahora lo realizo. Apoyo a mis nietos en el aprendizaje de las matemáticas y castellano. Soy profesora Senior, voy a las casas de los niños que ayudo en su falencia de aprendizaje, comparto su hogar y trato de ayudarlos en lo que puedo, ellos son mis ahijados, a los que les tengo un gran cariño. 



Mis padres y yo

Mis padres, don Tomas Godoy Silva agricultor y mi madre Clara Guiroux Loyola la mujer de las telecomunicaciones telegrafista que usaba el método Morse y los primeros  teléfonos.
Mis buenas maestras del pueblo, me enseñaron a leer y a escribir. Un  día me vine a Copiapó a vivir con mi abuelita Elvira, junto a mi hermano. Me acuerdo que nos trajo un camión que traía metales a la Fundición Paipote. Vivía con mi abuela y mis tres hermanos mayores. Mi niñez fue muy linda, mi abuelita temprano encendía el carbón en el caldero para hacer hervir la tetera y darnos desayuno. Ella me encaminaba al colegio Sagrado Corazón, mis hermanos el mayor, asistía al Liceo de Hombres, el segundo a la Escuela Goyenechea y el tercero a la  Escuela Superior de niños. Cada viernes en la tarde viajábamos a ver a nuestros padres, utilizando como medio de transporte el tren, o algún camión que fuera a nuestro pueblo.
Desde pequeña canté en el coro de la Iglesia La Merced, para el mes de María y para los villancicos navideños, mi abuelita me enseñó a usar la máquina de coser, a bordar punto de cruz, a tejer a palillos y a crochet. Cuando llegaba de la escuela colgaba mi uniforme y lavaba mis calcetas, los puños y el cuello blanco de mi uniforme, hacía mis tareas leía, y jugaba con mis muñecas a las que les hacía trajes. Era feliz, mi abuelita cuando se asomaba la noche encendía una lámpara a parafina o de carburo, comíamos y nos sentábamos junto a sus pies a escuchar los hermosos cuentos.
               Cuando mamá jubiló, después de 35 años de servicio como Empleado Público, se vino con nuestro papá  a la ciudad, a vivir con nosotros, pero esto duró poco tiempo, papá se había enviciado en el rico vino que preparaba, era dulce, muy apetecido por la gente, yo tenía 10 años y a mi padre le dio un ataque cerebral, falleciendo. Me  hizo siempre mucha falta, lo extrañaba y me parecía que lo vería parado en la esquina, cerca de la casa. Mi mamá asumió doble rol para nosotros, ser padre y madre.
               En  mi adolescencia me enamoré del hermano de una amiga, y el también y fue así que me casé teniendo 17 años, al año me convertí en madre de mi primer hijo, pronto llegó el segundo a los 19 años, tuve que aprender muchas cosas que desconocía, tuve que madurar, mi amor por mis pequeños compensaba todo. Pero como mi abuelita me había enseñado a usar la máquina, comencé  haciéndoles ropa a mis hijos. Yo no había terminado el 6º año humanidades, cuando ellos se dormían pude retomar los libros y  a escribir, porque los sueños de príncipes sólo existen en el papel, la vida se puso difícil, hacía falta otro sueldo.  Nació mi tercer hijo, asistía de oyente al Liceo Nocturno para aprender las matemáticas, la física y  la química. Cuando estuve preparada dí examen como alumna libre donde tuve que convalidar, los cuatro años obteniendo muy buenas calificaciones. Un día mi tía me trajo una papeleta para que siguiera un curso de profesora de Corte y Confección, el que con paciencia y perseverancia logré obtener el título de  Profesora de Corte y Confección. Para aprender más cosas iba a un Centro de Madres, con mis pequeños que jugaban solos cerca de mis pies, todas las personas eran mayores y de ellas aprendí bastante. Comencé aplicar todo lo aprendido, en la confección de ropa para niños y adultos, para venderla, me fue muy bien, también preparaba cócteles y cositas para degustar. Todo lo que pude aprender lo hacía con ansias. Mis hijos comenzaron a estudiar los llevaba a la escuela y los apoyaba en sus materias, las que yo me aprendía. Mi esposo era el cuartelero del Cuerpo Bomberos, vivíamos en su interior, su sueldo era precario, yo le ayudaba en atender el teléfono anotar los lugares de siniestro, coser, atender la casa, cuidar a mis niños; hacer tortas, bordar o tejer, para ayudar en la mantención de mis hijos que eran tres. En el cuerpo de bomberos el Doctor Gutiérrez nos preparó en la Brigada Femenina, en la atención de enfermería, la que realicé durante un tiempo. Comencé a confeccionar pantalones, había aprendido a embolsillar, me fue muy bien, logré comprarme dos máquinas. Llegó el día que mi esposo consiguió trabajar en La Fundición Paipote en Seguridad, y yo me había inscrito para hacer  suplencia, me llamaron el año 1973, para la Escuela José Manso de Velasco. Así sucesivamente pasé por todas las escuelas de Copiapó, me venía de Paipote con mis hijos, y me regresaba con ellos, en un bus de la empresa. Trabajaba en las escuelas y también cosía en mis horas libres
Mi madre fue el pilar fundamental en mi vida que  me apoyaba en mis penas y alegrías, ella siempre me decía no puedes decaer hija, sigue, lucha, yo me proponía algo y lo desarrollaba con responsabilidad. Nació mi primera flor que me llenó de alegría, la vestía como muñeca yo compraba telas y le hacía sus vestidos y en las tardes salía con mis niños a mirar, el parque y las casas junto a mi madre.  
Fuera de trabajar de planta, entré a estudiar en la Universidad De Atacama para obtener mi título de Profesora en Educación General Básica, durante cuatro años. Llegó mi última hija. En mi hogar estudiaba yo y todos mis hijos,  mi hijo mayor entraba a la Universidad en Antofagasta, al que tenía que apoyar, después el segundo a Santiago, posteriormente el tercero que estudió en la universidad de Chile Música, también en Santiago. En la actualidad tengo cinco profesionales: dos profesores, dos contadores, y un dibujante técnico estructurista en metales. Me siento muy agradecida de Dios Nuestro Señor que ha hecho posible que mis hijos sean buenas personas.