Trabajé, por doce años en el Liceo Belén, conjuntamente en la escuela que funciona en el interior del recinto penal de Copiapó, en una en la parte técnica, en la otra en educación básica para adultos. Aquí tuve que especializarme en Educación musical obteniendo la mención en la Universidad de Atacama, en la Universidad de Talca la mención en religión. Un gran dolor llegó a mi vida, mi madre fallecía a los 92 años padeciendo por dos años un cáncer blanco sin dolor. En mi trabajo fuera de hacer clases, atendía la Biblioteca N º 165, estaba a mi cargo, después de hacer clase, hacía los préstamos de libros y revistas a los internos. Obtuve un premio, por un proyecto relacionado a crear una metodología de aprendizaje, para trabajar con los alumnos, era una Pasantía para estudiar en la Universidad De Kalb, Estado de Illinois Estados Unidos. Todos los conocimientos adquiridos me sirvieron para crecer, y valorarme como persona. En el Microcentro Medardo Cano Godoy enseñé además de la enseñanza básica la técnica de Sastrería donde le enseñaba a los internos, había una pequeña sala con doce máquinas antiguas de pie para que ellos trabajaran. Al comienzo costó un poco, porque eran tildados de “las viejas del centro de madres” Cada alumno mantenía su máquina limpia y aceitada. A las mujeres y gay les enseñé a bordar en punto cruz, confeccionando cuadros, cajitas, relojes, manteles y tarjetas navideñas y de saludo para que se ganaran algunos pesos para sus necesidades de aseo. También otra actividad que llenaba mi alma era incentivarlos a leer y escribir anécdotas, durante varios años estuve a cargo del Taller Literario Rayito de Esperanza, nombre al que optaron en mayoría. Donde se pudo editar dos libros de poemas y cuentos hechos por los internos, y otro editado por el Ministerio de Justicia. También la Universidad me preparó en Computación, donde pude transmitir la enseñanza a mis alumnos para que ellos también usaran el computador para escribir sus propios trabajos. Llegué a ser Jefe de Unidad Técnica Pedagógica, en los últimos 5 años ante de jubilarme, visitaba, a pesar que el actuar de ellos, que era como si fueran animalitos , pude darme cuenta de la gran falta de afecto de estos niños delincuentes, muy marcados, por el dolor, la falta de oportunidades, la droga el alcohol. Al comienzo me miraron con recelos, yo comencé contándole historias hasta conseguir de ellos el respeto y el cariño de ellos. Yo les dije:” ustedes algún día podrán hacer un viaje a los Estados Unidos, igual que yo, pero tienen que aprender el inglés, ustedes no toda la vida será encierro y cambiarán sus vidas, un día estarán afuera. Me escucharon y comencé hacerles las clases de inglés a los menores del COD de Paipote, sin mayores problemas. Cuando llegó la hora de jubilarme, sentí un dolor muy profundo, dejaba todo lo que hacía, había perdido a mi esposo, me sentía sola, pero tenía que buscar algo para seguir viviendo, que mejor, un día en una actividad de la biblioteca me encontré con una amiga que me invitó, a participar de un taller literario. Me inscribí en el Taller Literario Adulto Mayor Eduardo Hwitt, acepté el desafío, al año siguiente soy elegida presidenta de dicho taller. En mi soledad y tristeza, escribo mis vivencias y experiencias de vida, plasmadas en poemas y cuentos. También aprendo a pintar que tenía deseos de hacerlo, ahora lo realizo. Apoyo a mis nietos en el aprendizaje de las matemáticas y castellano. Soy profesora Senior, voy a las casas de los niños que ayudo en su falencia de aprendizaje, comparto su hogar y trato de ayudarlos en lo que puedo, ellos son mis ahijados, a los que les tengo un gran cariño.

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